diumenge, 5 de setembre de 2010

Rafael Moneo | Entrevista en LA VANGUARDIA


"A la arquitectura le conviene contención"
Rafael Moneo, arquitecto que publica ´Apuntes sobre 21 obras´
LLÀTZER MOIX  - Barcelona 
LO BÁSICO "Si la restricción económica ayuda a recuperar lo básico, no será mala del todo"
LA INTUICIÓN "Cuanto más abonado esté nuestro campo, más posible es que la intuición acierte"
Rafael Moneo, el arquitecto español de mayor  proyección internacional, empezó a pensar en su libro Apuntes sobre 21 obras hace veinte años. Y no lo ha terminado hasta ahora. Gustavo Gili lo publicará en castellano dentro de unos días, mientras Monacelli lanza la edición en inglés. En esta obra, que huye de las monografías al uso, y en particular de los libros ilustrados de vocación espectacular (aunque incluye, junto a los ensayos, fotos recientes firmadas por Michael Moran, así como documentación gráfica histórica), Moneo aborda sus principales obras poniéndolas en relación con las inquietudes y los debates de su tiempo. El resultado es una reflexiva, infrecuente y enriquecedora lección de arquitectura.

¿Qué significa este libro en su trayectoria? 

He intentado hacer una monografía de mi trabajo, pero a mi manera. La idea era explicar 21 obras, seleccionadas entre el centenar que he construido, y asociarlas a las preocupaciones que han presidido sucesivamente mi labor y que han sido también materia de debate profesional.

¿Por qué tardó veinte años? 

Los textos están escritos ahora, aunque la idea del libro surgió hace veinte años. Siempre se atravesaba alguna urgencia. Podría haberlo dejado en otras manos, para acabarlo antes. Pero no habría sido mi visión.

¿Cabe definir este libro como un catálogo razonado de su obra redactado por el autor? 

El interés de este libro, si tiene alguno, ha sido en efecto ir más allá del catálogo y obligarse a razonar sobre cada obra. Mi voluntad era ofrecer una visión de la arquitectura que, sin olvidar las necesidades de la expresión personal, se inscribe en la ciudad y establece un diálogo con ella.

El análisis del solar de la futura obra y su acervo cultural, docente y profesional son factores clave, según dice en el libro, para su labor arquitectónica. 

Todo eso es lo que a mí me ha ayudado. Cuanto más y mejor abonado esté nuestro campo, en el que debe germinar un proyecto, más posible es que la intuición que lo alumbra y le da forma acierte. Todos esos conocimientos son útiles cuando el arquitecto siente que debe tomar una decisión y hacerlo en solitario.

¿Qué puede decir del momento en que nace el proyecto? 

Cada uno trabaja a su modo. Sólo diré que ese momento en el que el proyecto empieza a tomar dirección se percibe muy claramente, y que luego uno persigue y desarrolla esa idea encarnizadamente, hasta el final. A otros les gusta pensar que el proyecto definitivo surge de la elección entre varias opciones. No es mi caso. No suelo tener segundos pensamientos. Pero es verdad que la idea inicial va aclarándose con el trabajo. El conocimiento disciplinar previo puede dar insospechadas satisfacciones al arquitecto.

Esa metodología, constante en su trabajo, da frutos dispares: unos, como el Museo Romano de Mérida, muy entregados a la tradición histórica; otros, como el Kursaal de San Sebastián, más rompedores y abstractos.

A la hora de proyectar no importa sólo la evolución biográfica o profesional. Cuenta también mucho lo que nos pide el encargo. En el caso de Mérida, me pareció que la relación con las ruinas romanas no debía quedarse en su mera contemplación, o en aislarlas, sino en construir como ya se hacía entre el siglo I o el IV, cuando los edificios se situaban sobre otros preexistentes, mezclándose con ellos, haciendo un caldo espeso, sin renunciar a la condición propia. El posible valor de mi intervención en Mérida es haberse atrevido a la hora de intervenir y convivir íntimamente con el mundo de ruinas. El Kursaal es otra cosa.

¿En qué medida una formación amplia, como es la suya, puede acabar constriñendo su libertad a la hora de proyectar? 

Cada uno es indisoluble de su persona. No podría hacer otra arquitectura que la que he hecho, y que está relacionada con mi faceta docente. Yo disfruto más de la complejidad que de la simplificación. En ocasiones opto por una solución de mayor radicalidad estética, en otras me veo en una vía de restricción porque debo atender a muchas cuestiones. Esto último no lo he visto nunca como un handicap o un peaje, sino como todo lo contrario.

¿En qué medida le afecta el actual cambio de ciclo económico y social? 

En mi caso, el mercado de trabajo no se ha cerrado de una manera radical. Se ha endurecido, eso sí. No creo que los cambios vayan a afectar sustancialmente mi modo de entender las cosas. A veces hay problemas que sólo se resuelven en clave arquitectónica. Eso es lo que el libro dice. Dicho esto, estoy convencido de que a la arquitectura le conviene una etapa de contención o que, al menos, no le vendrá mal cierta contención. La exageración y la exuberancia en la que ha vivido durante los últimos años era mucha. Sería bueno recuperar las obligaciones básicas de la arquitectura. Y si la restricción económica nos devuelve a ese camino, no será mala del todo.

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